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PANORAMA GENERAL




1. Tendencias a principios de siglo

Del modernismo nace una corriente de relato breve de tema fantástico, que cultivó el propio Rubén Darío. Sus principales continuadores son el poeta argentino Leopoldo Lugones con relatos de temática misteriosa y mítica, y Horacio Quiroga con truculentos cuentos ambientados en la selva.
La otra tendencia, más desarrollada, será la novela realista y naturalista de tema autóctono, que aparece con notable retraso respecto a Europa. Presenta varias modalidades:
-Novela de la revolución mexicana: la más importante es Los de abajo (1915), de Mariano Azuela (1872-1952), que muestra escépticamente la guerra con toda su crudeza.
-Novela indigenista: denuncia la opresión de los indios, como en El mundo es ancho y ajeno (1941), de Ciro Alegría (1909-1967), que cuenta la destrucción de una comunidad indígena por intereses económicos.
-Novela de la tierra: con el tema de fondo del conflicto entre civilización y barbarie se narra la fuerza destructora de la selva (La vorágine, 1924, del colombiano José Eustasio Rivera, 1888-1928), el caciquismo latifundista (Doña Bárbara, 1929, del venezolano Rómulo Gallegos, 1884-1968) y la vida de los gauchos (Don Segundo Sombra, 1926, del argentino Ricardo Güiraldes, 1886-1927).

2. La renovación narrativa de 1940-1960

Una de las características de la novela hispanoamericana de la segunda mitad del siglo es la ruptura con el realismo tradicional, que se manifiesta en las obras mediante la aparición de elementos míticos, legendarios, fantásticos, mágicos..., elementos todos ellos presentes en la propia realidad americana, muy distinta de la realidad europea. Como lo extraordinario se mezcla con lo normal y cotidiano, las narraciones siguen manteniendo un tono y una trama verosímil y creíble; por ello, se han denominado estos relatos con los términos de ‘realismo mágico’ o ‘lo real maravilloso’ como prefiere Alejo Carpentier.
-Miguel Ángel Asturias. En su obra convive la América ‘maravillosa’, la denuncia social y las formas literarias vanguardistas.
-Alejo Carpentier. En 1949 publica El reino de este mundo, en cuyo prólogo explica su teoría de lo ‘real maravilloso’ (“el escritor no tiene necesidad de crear mundos mágicos; ya que la propia realidad hispanoamericana es mágica, maravillosa, llena de excesos y contrastes”). La novela relata la sublevación de la población de raza negra ocurrida realmente en Haití y dirigida por Mackandal, personaje con poderes mágicos que se vale del veneno como arma contra los blancos.
-Julio Cortázar: Rayuela, 1963. Especie de collage narrativo que permite ser leído de forma convencional o salteando los capítulos. La novela se desarrolla en dos lugares: París y Buenos Aires, en los que el protagonista vive un tiempo, el presente, y rememora el pasado. El tema fundamental de la novela es la búsqueda de carácter existencial: el ser humano no encuentra respuestas para su angustia vital y la sensación de soledad. Para Cortázar, la literatura fantástica, en la que está presente lo inesperado, lo excepcional, lo irracional y lo intuido, permite cuestionar un tipo de sociedad erigida sobre el pilar de la fe absoluta en la razón.
-Juan Rulfo Su obra maestra es Pedro Páramo (1955), obra que representa al culminación de la llamada ‘novela de la Revolución mejicana’. Lo más llamativo de la novela reside en el “tratamiento del tiempo” y en los recursos estilísticos: monólogos interiores, cambios repentinos de perspectiva narrativa... La historia gira en torno a un personaje, Pedro Páramo, muerto ya en el tiempo del relato, en cuya busca, por la desolada región de Comala, va su hijo Juan Preciado. Pronto sabemos que Pedro Páramo está muerto, pero hacia la mitad de la novela nos enteramos de que Juan Preciado también está muerto y que las conversaciones que escuchamos no son más que diálogos de los muertos en sus tumbas. “Comala es un pueblo abandonado y maldito, real e irreal al mismo tiempo”, mundo en el que reina la violencia, la destrucción y la muerte.

3. La novela hispanoamericana a partir de los años sesenta

Durante los años sesenta se produce la gran difusión internacional de la narrativa hispanoamericana. Se habló por ello del ‘boom’ de la novela hispanoamericana y de ‘nueva novela hispanoamericana’. Quizás la presencia en Europa de muchos de los escritores hispanos (Vargas Llosa, García Márquez, Cortázar...), en exilio voluntario o forzoso, explique el interés del público. En realidad, la renovación se había producido ya en las décadas anteriores. En estos años no sólo aparecen nuevos y valiosos novelistas, sino que muchos de los que ya venían publicando desde tiempo atrás escriben algunas de sus obras más significativas. En general los nuevos novelistas aúnan las innovaciones técnicas que se habían producido en la novela universal a lo largo del XX (Joyce, Faulkner, Kafka o Proust) con la tradición narrativa hispanoamericana anterior (el llamado ‘realismo mágico’)
Las grandes líneas del periodo son las siguientes:
- Preocupación por las estructuras narrativas que exigen un lector activo capaz de organizar la materia del relato: Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez.
- Desarrollo de la experimentación lingüística y experimentación con nuevas técnicas y maneras de narrar: Rayuela, de Julio Cortázar
- Invención de diversos universos de ficción: Macondo en las novelas de Gabriel García Márquez.
- Aparición de novelas histórico - sociales, con amplia panorámica de indagación nacional: Sobre héroes y tumbas, de Ernesto Sábato.
- Preferencia por los temas existenciales, huida de los aspectos sicológicos de los personajes, profundización en lo mítico: Conversaciones en la Catedral de Mario Vargas Llosa...
En las últimas décadas del siglo continúan publicando las figuras consagradas, aunque muchos de estos escritores se vieron obligados a marchar al exilio.

El realismo fantástico

4. Últimas tendencias

En la última década del siglo XX se afirman otros narradores. El mundo ha experimentando en tanto cambios decisivos: se han derrumbado imperios e ideologías; en el continente americano han ocurrido tragedias indescriptibles, en las que el hombre ha sido siempre la víctima: lo atestigua la serie de muertos y desaparecidos.
Gran parte de los escritores que descuellan en estos últimos años, sucesivos a la derrota de los regímenes militares y a la caída de varios dictadores, han pasado por la cárcel y conocido el exilio. Es el caso de Mario Benedetti en el Uruguay, de Antonio Skármeta y Luis Sepúlveda en Chile. Un largo destierro ha marcado sus vidas y ha determinado en sus obras un arraigo aun mayor a sus países, que se manifiesta en la especial atención hacia el «hombre de la calle».
Testimonio de un momento crítico de la vida del mundo americano contemporáneo es Skármeta: Una ardiente paciencia —luego más conocida, después de la película protagonizada que lleva por título El cartero de Neruda—, alude al clima trágico del golpe militar en Chile.
Toda una narrativa, por otra parte, lleva a cabo, en formas nuevas, una aguda crítica de la sociedad. Lo hace Mario Benedetti: Primavera con una esquina rota.
La denuncia de la condición americana se expresa también en la narrativa de Isabel Allende, que ha visto un gran favor de público; La casa de los espíritus, una saga chilena en vísperas del golpe, y El plan infinito, acerca de la situación de los hispanos emigrados a los Estados Unidos son dos de sus mejores novelas. Tampoco ha faltado éxito a un libro narrativo-gastronómico como Afrodita, por otra parte producto de una veta floreciente que parte de la novela Como agua para chocolate, de Laura Esquivel y que ha tenido seguidores en España y en otros países europeos.
Es necesario citar a Luis Sepúlveda: Un viejo que leía novelas de amor, Bryce Echenique, autor de un tipo de novela marcadamente autobiográfico-critica, vivificada por el humor y a Augusto Monterroso, que destaca como autor de microrrelatos.