Azorín (José Martínez Ruiz: 1873-1967)

Vida
Nacido en Monóvar (Alicante). Su infancia y primera juventud transcurre entre Monóvar y Yecla. Cursó algunos cursos de derecho en Valencia, donde se interesó por el anarquismo y se entregó a febriles lecturas literarias y políticas. Usó diversos seudónimos, como Fray José y Juan de Lis. En 1896 se trasladó a Madrid, donde se relacionó con los ambientes literarios de la capital. Publicó a partir de entonces numerosos artículos, casi siempre polémicos, en diversos periódicos de la época.
En 1902 publicó La voluntad. En 1904 comenzó a utilizar su definitivo seudónimo, Azorín. A partir de 1905 empezó su colaboración con ABC y su participación activa en la vida política. En 1924 fue elegido miembro de la Real Academia Española. Cuando estalló la Guerra Civil huyó de Madrid con su esposa, Julia Guinda Urzanqui, y residió en Francia un tiempo. Murió en 1967.


Influencias literarias y filosóficas
Le marcaron profundamente sus lecturas de los filósofos Schopenhauer y Nietzsche. En cuanto a sus lecturas literarias destacaremos las de los novelistas franceses Flaubert y Zola y los Ensayos de Montaigne. De los clásicos españoles influiría en él el escritor conceptista Baltasar Gracián, y Juan de Zabaleta, autor barroco que introduce en sus obras elementos cotidianos (El día de fiesta por la mañana y por la tarde)


Evolución literaria
De principios anarquistas (según la afirmación de Clarín), en sus primeras obras abundan las críticas mordaces, que se suavizarán con el tiempo. Desde 1900 a 1920, encontramos a un escritor preciosista, de prosa muy característica, lenta y refinada, preocupado por plasmar en su obra detalles del paisaje y de la vida española. La llegada de las vanguardias influye en su estilo, que se vuelve más fragmentario. Su obra se recubre de una atmósfera ensoñadora. Destacan en su obra su textos breves, meditaciones e impresiones donde intenta plasmar el paso del tiempo y recuperar elementos de la tradición española basándose en el uso del lenguaje. Para ello incorpora a su obra una gran cantidad de términos en desuso que tienen un amplio poder evocador. Es un escritor que se demora en el estudio del detalle y describe minuciosamente aspectos concretos de la realidad.
Tiene una etapa de novelista en torno a 1902-1904, en la que publica la trilogía La voluntad (1902), Antonio Azorín (1903) y Las confesiones de un pequeño filósofo (1904). En 1922 publica Don Juan y en 1925 Doña Inés. En ambas obras abundan los pajes estáticos, más próximos al ensayo o al artículo periodístico que a la novela.

Sus ensayos
Destacan sus trabajos sobre crítica literaria, en los que da una lectura personal sobre los clásicos, alejado de los tópicos arrastrados por sucesivos comentaristas. Redescubre autores olvidados y ofrece una visión intuitiva frente al positivismo imperante en la época: Al margen de los clásicos (1915) Rivas y Larra (1916)
Otro grupo de ensayos están dedicados a examinar aspectos concretos de la realidad española, profundizando en el estudio del paisaje, que relaciona con la tradición cultural española: La ruta de Don Quijote (1905), Castilla (1912)